sábado, 12 de noviembre de 2011

MARGIN CALL

El miedo al fin del mundo está justificado. Pero no por tonterías como el 11 del 11 del 11. Ni por las profecías mayas. En realidad, el mundo se acabó hace tres años. Por lo menos nuestro pequeño mundo, el de las prósperas democracias de la Europa Occidental. Si alguien tiene curiosidad por saber cómo se acabó aquel mundo tan feliz puede ir al cine a ver la película de un joven director norteamericano, J.C. Chandor, que conoce bien las entrañas de la bestia porque su padre trabajó en Merrill Lynch. Margin Call es extraordinaria por Kevin Spacey y Jeremy Irons, por el guión y por una atmósfera que produce escalofríos. Pero sobre todo es extraordinaria porque lo explica todo.
Nuestro mundo se acabó aquella madrugada de 2008 en Wall Street, cuando los directivos de un banco de inversión cayeron en la cuenta de que se iban a la mierda y para salvarse ellos inundaron el sistema financiero de mierda en sólo una mañana. Los amos se quedan de piedra cuando el recién llegado les explica que han asumido demasiados riesgos y que todo se acabará cuando abran los mercados. Cobran cientos de millones de dólares, pero no entienden los números, no saben lo que compran ni lo que venden.
Hay una escena en la que salimos todos nosotros. Dos empleados de la compañía viajan en un descapotable por el amanecer de Nueva York. «La gente normal va a sufrir mucho por lo que vamos a hacer, van a perder sus trabajos», dice apesadumbrado el joven broker. «¿La gente normal? -responde el veterano que se gasta 20.000 dólares en putas. Se compraron casas que no podían pagar y coches que no podían pagar gracias a lo que nosotros hacíamos. Que se jodan».
En eso estamos. Jodiéndonos porque nuestro nivel de vida, los coches y las casas que nos permitíamos se asentaban sobre la compraventa de basura, la codicia y la inmoralidad. La economía mundial est infectada desde entonces y los políticos no saben qué medicina recetar. Les pasa lo mismo que a Jeremy Irons en Margin Call. Manda mucho, pero no entiende nada. Por eso están sustituyendo a los políticos por gente con caché financiero. Que se joda la gente normal y de paso la democracia como sistema de elección de los gobernantes.
Los mercados nos hicieron ricos y ahora nos hacen pobres. Benditos sean los mercados. Y mientras tanto, nuestra campaña electoral sigue tan alegre y confiada como si no pasara nada. Enternece escuchar a Mariano Rajoy decir lo que va a hacer o lo que va a dejar de hacer, cuando todo el mundo sabe que hará lo que le manden. Y hará bien. Ya puede ir preguntando a quién prefieren como ministro de Economía. Todo con tal de tenerlos contentos.
Fuente: Diario El Mundo.
Autora: Lucia Mendez.